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La enfermedad que explica por qué los jóvenes no tienen ilusión ni expectativas

La enfermedad por la que los jóvenes no tienen ilusión ni expectativas de futuro

Uno no siempre tiene claro qué hará con su vida en un futuro, pero cuando se convierte en un estado de apatía crónico, entonces sí que es preocupante.

Ser joven actualmente es algo bastante complejo. De hecho, tener entre 17 y 24 años y no tener ningún propósito vital se está convirtiendo ya en la norma en vez de en la excepción. Lo vemos en las encuestas, pero también en las calles. Jóvenes con menos de 30 años sin aspiraciones, pero increíblemente cualificados. Muchos de ellos afectados por lo que se conoce como la “enfermedad del corazón vacío”. Sí, como lo lees. No se trata de ninguna dolencia como tal. La cosa va más allá y tiene que ver con un estado psicológico de apatía, soledad y desinterés.

Por qué sucede

La primera vez que se acuñó el término “corazón vacío” fue en 2016, de la mano de Xu Kaiwen, subdirector del centro de asesoramiento y educación en salud mental de la Universidad de Beijing de China. Kaiwen habló de esta condición psicológica que en chino recibe el nombre de “Kongxin bing”. Sus síntomas no son exclusivos del mundo oriental, también en la cultura occidental existen casos. Sigue leyendo porque seguro que te suenan.

Soledad y falta de esperanza: los síntomas más comunes

Ahora bien, ¿cómo detectarlo? La verdad es que todxs hemos pasado épocas apáticas, pero la diferencia con esta enfermedad es que, quienes la sufren, la llevan arrastrando toda la vida. “La particularidad está en que, al llegar a la edad adulta, la angustia alcanza una cuota insostenible. Es entonces cuando esa ansiedad crónica les drena por completo la energía. Algunos dejan la universidad y otros derivan en serios problemas mentales”, comenta Sabater.

Si nos fijamos en los síntomas, quienes tienen esta enfermedad, son en apariencia personas con una vida corriente, con muchxs amigxs e incluso con pareja. Sin embargo, si rascamos un poquito, nos encontramos con la guinda del pastel: no son felices y nada les satisface lo suficiente. Tampoco quedar con amigxs, ya que consideran estas conexiones como meras obligaciones sociales que no les aportan una gratificación real.

“Hacen lo que se espera de ellos, se dejan llevar, pero no encuentran significado en casi nada de lo que hacen”, añade la psicóloga. Y no hay nada más terrible y peligroso que no creer en nada. Además, como las relaciones sociales no les aportan ningún sentido, esto se traduce en un sentimiento enorme de soledad y vacío.

Cuando lo único que se espera de ellos es que tengan éxito y sean los mejores, ellos solo se preguntan “para qué”. Digamos que algo está fallando en nuestra sociedad cuando las generaciones futuras no creen en su futuro.

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