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El insaciable saqueo de las multinacionales

No hay un pueblo más alienado que aquél que ya ni siquiera se pregunta sobre el por qué de las cosas que ve a su alrededor

Logos Multinacionales

En este lado del mundo vivimos para pagar servicios esenciales que están en manos de las multinacionales como Google, Appel, Microsoft, Amazon, Alibaba, Inditex, por mencionar algunas de las más poderosas, aunque también existen otras que nos desangran más directamente como Aqualia, Naturgy, Fenosa, Orange, Movistar, Vodafone y una larga lista que aunque no tan poderosas como las anteriores se enriquecen igual al amparo de muchos políticos corruptos al servicio de sus capitales que con criterio diabólico se han adueñado del mundo para dominarlo, saquearlo y esclavizarlo.

Ya no importa donde vivas, es imposible escapar de la globalización. Hasta para ser un antisistema necesitas del sistema tenebroso en el que nos han metido. Nuestra realidad inmediata nos lleva a vivir pendientes del buzón o del correo virtual, ya no para ver si tenemos correspondencia de aquel amiga(o) que se había ido al Himalaya y nos contaba cómo vivían los Sherpas en Nepal. No, porque las facturas son nuestra correspondencia más esperada.

Mientras que en la mayoría de los países europeos el servicio de abastecimiento de agua potable tiene la titularidad de la administración pública con demostrada eficiencia, en España la mitad de los abastecimientos son gestionados por empresas privadas, que en su mayoría están controladas por los grupos Agbar y FCC. Por ejemplo, en Galicia cada hogar tiene que pagar a Aqualia, propiedad de las hermanas Koplowitz, un mínimo de 30 metros cúbicos (30.000 litros) cada dos meses, lo consuma o no.  Es decir que, aunque seamos ciudadanos con conciencia y ahorremos al máximo porque nos duele saber que personas en este mundo mueren por falta de una gota de agua, igual tenemos que pagar como si consumiésemos 30 mil litros. Y prepara el bolsillo si tienes que dar alta al servicio de agua en un nuevo domicilio, porque tendrás que pagar una fianza que según ellos será devuelta una vez se de baja al servicio, verdaderamente no sé con que fin.

Cabe preguntarse, a qué otros intereses, en los que evidentemente no se incluye la eficacia en la gestión y que todos paguemos un precio justo controlado por la administración pública, obedece el proceso privatizador del servicio de agua vivido en España en los últimos años.  La respuesta es obvia conociendo quienes mueven los grifos de este valorado y tan necesario líquido.

En cuanto a las eléctricas, el precio de la electricidad en España está por las nubes. Las cifras son elocuentes, nuestros bolsillos se lo sienten cada mes por más que te empeñes en ahorrar. La subida de la luz registrada para un usuario doméstico español desde 2008 es 38 puntos superior a la media de la UE, donde la subida desde la fecha ha sido de un 28,2%, mientras que en España ha subido un 66%.

Según los datos que resultaron de un estudio realizado por Eurostat, España es el quinto país europeo con la electricidad más cara, detrás de Dinamarca, Alemania y Bélgica, todos ellos con un PIB per cápita muy superior.

Y como si fuera poco, en 2013 se le aplicó al recibo de la luz el pago de un “suplemento territorial” a diez comunidades autónomas entre las que se encuentra Galicia siendo la más perjudicada con este aumento. Como se puede apreciar en el detalle de esta factura el coste de la energía consumida, lo que realmente consumió este hohar en cuestión, es 8,30 € y el total a pagar fué 5 veces el coste de la energía real consumida.

Una muestra de la crueldad con la que operan estas multinacionales fue el caso de la mujer de 81 años que murió en 2017 a causa de un incendio provocado por una vela después de que Gas Natural Fenosa, hoy Naturgy Energy Group, S.A., cuyo propietario es Francisco Reynés Massanes, le cortó la luz por no poder pagarla. Y da más tristeza aún saber que no es un caso aislado ni en España, ni en otros sitios del mundo porque sus tentáculos están presentes en los hogares de la mayor parte de los países del mundo.

Una de las propuestas del vicepresidente del gobierno Pablo Iglesias, es crear una gran empresa pública de energía. Es decir, nacionalizar parte del oligopolio que domina el sector energético español. Esta empresa asumiría la explotación de las plantas hidroeléctricas cuyas concesiones caduquen con el objetivo de “bajar la factura de la luz, garantizar la transición energética, acabar con la pobreza energética y la precariedad de los trabajadores del sector que comercializará exclusivamente energía renovable y competirá con el resto de compañías privadas que pervivirían a su reforma energética”. Como debe funcionar el servicio electro/energético en un sistema socialista y no como lo llevan las multinacionales que continúan haciéndonos más esclavos de sus atracadoras facturas.

Pisándole los talones a las eléctricas, en cuanto a modus operandi vandálico están las  multinacionales de telecomunicaciones a las que no les basta con unos precios abusivos, sino que además de alguna manera siempre terminan enredándonos en sus redes con trampas y deficientes gestiones administrativas (ex professo). Por ejemplo, una de sus estrategias sombrías es demorar la portabilidad a otra compañía de un cliente que quiera darse baja. Al menos a mí no me queda claro como das baja a todos los servicios de una compañía. Es un entramado donde supuestamente ellos se encargan de aliviarte los trámites pero en realidad tu como usuario quedas en un limbo hasta que aterrizas con la sorpresa de una factura con un importe que no fuiste consciente de consumir pues procediste de modo correcto y transparente como debe ser: me doy baja de esta compañía sin dejar de pagarle ni una factura, por lo tanto no tengo deudas, y me doy alta en la que me convenga mejor según mis necesidades de servicios y mi estado de ingresos y ya está. Pero no, no sucede así en la realidad con estas multinacionales de las telecomunicaciones pues operan con la oscuridad del saqueador y lo que es peor, con patente de corso.

En este punto hago un apartado para referirme brevemente a una situación que puede darse si eres usuario de Orange, aunque con otras también puede pasar, pero es de esta de la que más casos conozco que han sido víctimas de sus fraudes. Resulta que esta compañía da por hecho que cuando un cliente cambia de domicilio tiene una obligatoriedad de permanencia que de incumplirla el usuario se le penalizará con 80 euros. Es decir que según Orange estás obligado a no cambiar de domicilio, aunque tuvieras la imperiosa necesidad de hacerlo, y permanecer con sus, nada baratos, servicios sí o sí, de lo contrario te penaliza con la suma de 80 euros que de no pagarlos cede tus datos a una “Asesoría Jurídica”, así se hacen llamar oficialmente, en realidad son unos verdaderos acosadores que no se cortan para hostigarte cada segundo del día y no sólo al titular del contrato, sino incluso a los demás números de la cuenta quienes no tienen responsabilidad con la supuesta deuda. Esta es una de las infracciones más frecuentes en las que incurren las compañías con lo cual, además de esquilmarte, vulneran la legislación sobre la protección de datos de carácter personal.
Pero para vuestra información, por si no os lo sabíais, existe la Oficina de Atención al Usuario de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones, es importante conocer que a pesar de todo no siempre estamos tan desamparados ante las multinacionales. He conocido casos con finales felices, pero también otros no tanto, que después de un largo camino de denuncias, pérdida de tiempo y desavenencias anímicas han terminado sumando las arcas de estos buitres. 

Y qué decir de las entidades financieras, la guinda del pastel, que intentan vaciar de contenido a la democracia para impedir toda redistribución de riqueza, de justicia social y de justicia ambiental. Para ello cuentan con instituciones multilaterales antidemocráticas como el Fondo Monetario Internacional, La Organización Mundial del Comercio, El Banco Mundial, y los Bancos Centrales que cuentan con la servil complicidad de muchos gobiernos del mundo.

 Es una verdadera acción de saqueo y cada vez es más inminente transformar esa realidad. Y eso solo se consigue con cohesión social.  Con una política económica y social a favor de las personas y no de los sectores financieros y de las grandes multinacionales.

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